Imagina despertar una mañana y descubrir que la Tierra ha dejado de girar por completo. Aunque parezca una idea sacada de una película de ciencia ficción, este escenario nos ayuda a entender la importancia del movimiento de nuestro planeta y las leyes de la física que gobiernan la vida tal como la conocemos.
Afortunadamente, es prácticamente imposible que la Tierra se detenga de forma repentina. Sin embargo, si ocurriera, las consecuencias serían devastadoras.
Aunque desde nuestra perspectiva todo parece inmóvil, la Tierra gira constantemente sobre su eje.
En el ecuador, la superficie terrestre se mueve a aproximadamente 1,670 kilómetros por hora (1,037 mph). Esa velocidad disminuye conforme nos acercamos a los polos, donde prácticamente es nula.
Lo sorprendente es que no sentimos ese movimiento porque todo a nuestro alrededor —la atmósfera, los océanos y nosotros mismos— gira junto con el planeta.
Si el planeta dejara de girar instantáneamente, todo lo que no estuviera firmemente unido al suelo seguiría moviéndose a la velocidad original debido a la inercia.
Esto significaría que:
Sería una de las mayores catástrofes naturales imaginables.
La atmósfera también seguiría moviéndose por inercia.
Esto provocaría vientos de más de 1,500 km/h, mucho más intensos que cualquier huracán registrado.
Estos vientos serían capaces de:
Actualmente, la rotación de la Tierra genera una ligera fuerza centrífuga que hace que el agua se acumule un poco más alrededor del ecuador.
Si esa rotación desapareciera:
El mapa del planeta cambiaría radicalmente.
Si la Tierra dejara de girar, pero continuara orbitando alrededor del Sol, el ciclo del día y la noche cambiaría por completo.
Cada lugar del planeta tendría aproximadamente:
Esto provocaría cambios extremos en la temperatura.
Durante el largo día:
Durante la larga noche:
El movimiento de rotación es fundamental para distribuir el calor alrededor del planeta.
Sin él:
La agricultura sería prácticamente imposible en la mayor parte del mundo.